En medio de una noche cargada de emoción, despedidas y símbolos, Lionel Messi recibió un regalo que trascendió ampliamente el mundo del fútbol. Antes del partido entre Argentina y Benín, el capitán del seleccionado africano, Sessi D’Almeida, le entregó al capitán argentino una pequeña escultura que representa a una de las figuras más emblemáticas de la historia de su país. No es simplemente una estatuilla. Es la representación de una guerrera de Dahomey, las célebres mujeres combatientes que durante siglos formaron parte de la estructura militar del antiguo Reino de Dahomey, en África occidental, territorio que hoy corresponde a Benín.
Y el gesto adquirió todavía más significado porque la figura que recibió Messi reproduce, en pequeña escala, el monumental Monumento a la Amazona, ubicado en Cotonú, la capital económica de Benín.
La escultura original mide 30 metros de altura, pesa unas 150 toneladas y está construida con una estructura metálica revestida en bronce. Fue inaugurada en 2022 y se convirtió en uno de los grandes símbolos contemporáneos de la identidad beninesa.
Las Agojie: un ejército de mujeres
Las mujeres guerreras de Dahomey fueron conocidas como Agojie, Agojié, Mino o Minons. En Occidente se las llamó, posteriormente, las Amazonas de Dahomey, por su asociación con el imaginario europeo de las mujeres guerreras de la mitología griega. No se trataba de una leyenda. Fueron un cuerpo militar real, organizado y entrenado, que llegó a convertirse en una
parte fundamental del ejército del Reino de Dahomey.
Los orígenes exactos del cuerpo femenino no están completamente establecidos. Algunas investigaciones sitúan sus antecedentes en el siglo XVII y otras tradiciones los vinculan con el reinado de la reina Tassi Hangbé, a comienzos del siglo XVIII. Lo que sí está documentado es que las mujeres guerreras adquirieron una importancia extraordinaria durante el siglo XIX,
especialmente bajo el reinado de Ghezo, entre 1818 y 1858.
El propio Gobierno de Benín atribuye la creación del cuerpo al período de Tassi Hangbé y señala que posteriormente fue reorganizado y fortalecido por el rey Ghezo.
En su momento de mayor desarrollo, el cuerpo llegó a reunir miles de mujeres. Algunas estimaciones históricas hablan de hasta unos 6.000 efectivos. Era, en términos contemporáneos, una fuerza militar femenina de enorme dimensión.
Mujeres entrenadas para combatir
Las Agojie recibían un entrenamiento militar extremadamente exigente.
Aprendían a utilizar diferentes armas y eran entrenadas para combatir cuerpo a cuerpo, utilizar fusiles, arcos y otras armas de guerra. También desarrollaban una extraordinaria resistencia física y una disciplina colectiva destinada a convertirlas en soldados altamente eficaces.
Las investigaciones históricas describen ejercicios destinados a acostumbrarlas al dolor, al esfuerzo físico y a situaciones extremas. Algunas unidades estaban especializadas en diferentes funciones: había arqueras, mujeres armadas con fusiles, cazadoras de elefantes y combatientes equipadas con armas blancas.
La imagen de la guerrera que Benín regaló a Messi recoge precisamente esa dimensión: una mujer de pie, armada, con una postura firme y desafiante. No es una mujer representada como acompañante de la historia sino que es la protagonista de la historia.
El poder femenino dentro de Dahomey
Aquí aparece uno de los aspectos más fascinantes de esta historia. Las Agojie ocupaban una posición particular dentro de la sociedad de Dahomey. Formaban parte de la estructura militar del reino y estaban vinculadas directamente al poder del monarca.
Su presencia alteraba las concepciones de género de los observadores europeos que llegaron a conocerlas. Para aquellos viajeros, encontrar un ejército integrado por mujeres resultaba extraordinario.
La historiografía señala que las Agojie podían alcanzar posiciones de autoridad y que algunas mujeres vinculadas a la estructura palaciega participaban también de ámbitos de decisión política. Su existencia muestra que las relaciones entre género, poder, autoridad y guerra no fueron iguales en todas las sociedades ni siguieron necesariamente el modelo europeo. Por eso, la historia de estas mujeres permite hacer una pregunta particularmente interesante:
¿Cuántas historias de mujeres quedaron fuera de los relatos tradicionales de la historia?
No fueron solamente heroínas: una historia con contradicciones
Sin embargo, recuperar la historia de las Agojie no significa convertirlas en una imagen romántica o idealizada.
El Reino de Dahomey fue también una sociedad profundamente militarizada y tuvo un papel importante en las redes de captura y comercio de personas esclavizadas en África occidental.
Las Agojie participaron de las guerras y campañas militares del reino y, como otros sectores del ejército, estuvieron involucradas en acciones de captura de personas. Por eso, su historia contiene una tensión que no debería ocultarse: fueron mujeres que alcanzaron posiciones extraordinarias de poder y autoridad en una sociedad militarizada, pero ese poder estuvo también relacionado con las estructuras de guerra y esclavización de la época.
Esta complejidad es importante porque permite comprenderlas históricamente, en lugar de convertirlas en un simple símbolo ya que fueron mujeres, soldados y parte de un sistema político y militar.
Y fueron también protagonistas de una historia africana que durante mucho tiempo fue narrada principalmente desde la mirada de los colonizadores europeos.
Cuando las guerreras enfrentaron a Francia
La historia de las Agojie tuvo uno de sus capítulos más dramáticos durante las guerras entre Dahomey y Francia a finales del siglo XIX. El avance colonial francés puso en jaque al Reino de Dahomey.
Las mujeres guerreras participaron en los enfrentamientos y combatieron junto a las fuerzas del reino. Las diferencias tecnológicas y armamentísticas terminaron siendo decisivas.
En la segunda guerra franco-dahomeyana, desarrollada entre 1892 y 1894, las fuerzas de Dahomey resistieron durante semanas frente al ejército francés. Las Agojie participaron en numerosas batallas y sufrieron enormes pérdidas. De acuerdo con investigaciones históricas, de las aproximadamente 1.200 mujeres combatientes que estaban en condiciones de luchar al comienzo de la guerra, apenas unas pocas decenas permanecían en condiciones de combate al
finalizarla.
En 1894, Dahomey cayó bajo dominio francés y con ello también desapareció aquella extraordinaria fuerza militar femenina. No obstante, no desapareció su memoria.
De guerreras a símbolo nacional
Más de un siglo después, Benín decidió recuperar esta memoria y en Cotonú se levantó el Monumento a la Amazona, una enorme representación de una guerrera que mira hacia adelante y sostiene sus armas.
El Gobierno de Benín define actualmente el monumento como un homenaje a las guerreras del pasado y del presente y lo plantea como símbolo de fuerza femenina, valentía, patriotismo y memoria histórica.
La página oficial del monumento destaca, además, tres elementos de la figura: el cetro como símbolo de poder y soberanía, el rostro decidido como expresión de orgullo y resolución, y la armadura como representación de la disciplina de las Agodjié. Es decir, Benín no mira a esta mujer solamente como una figura del pasado sino que la convierte en una referencia para las mujeres del presente y del futuro.
Y entonces aparece Messi
Y es aquí donde el regalo adquiere una dimensión particularmente hermosa ya que en la noche en que Argentina despedía a Messi de su selección, después de 21 años, el capitán de Benín eligió entregarle precisamente esa imagen. No solamente una camiseta, no solamente un banderín sino una guerrera.
Hay algo profundamente simbólico en esa elección. Argentina despedía a uno de sus grandes héroes deportivos. Benín respondía con otra figura heroica de su propia historia: una mujer, una guerrera, una mujer que representa resistencia, disciplina, coraje y memoria.
Dos mundos que se encuentran
El fútbol permitió que dos historias muy diferentes se encontraran durante unos minutos en el Estadio Monumental. De un lado, Lionel Messi: el hombre que convirtió el número 10 en una identidad, que atravesó derrotas, críticas, triunfos y finalmente alcanzó la cima del fútbol mundial.
Del otro, la guerrera de Dahomey: una mujer cuyo nombre quizá no conozcamos, pero cuya imagen representa a miles de mujeres que formaron parte de una de las fuerzas militares femeninas más singulares de la historia.
Quizás por eso el regalo resulte tan poderoso, porque la estatuilla habla de coraje, pero también habla de memoria. Habla de mujeres cuya historia merece ser conocida y habla de una sociedad que decidió colocar a una mujer guerrera en el centro de uno de sus espacios públicos más importantes.
Una guerrera para recordar que la historia también tiene rostro de mujer
Durante mucho tiempo, los relatos históricos estuvieron construidos alrededor de reyes, presidentes, generales, conquistadores y héroes masculinos. La historia de las Agojie obliga a ampliar esa mirada.
Ellas estuvieron en los campos de batalla, participaron en las estructuras de poder, fueron entrenadas como soldados, combatieron, murieron y dejaron una memoria que hoy continúa viva.
La estatua de Cotonú es, en ese sentido, mucho más que un monumento es una disputa por la memoria, es la decisión de decir que las mujeres también estuvieron allí, que también fueron protagonistas, que también ejercieron poder, que también hicieron historia.
Y quizás por eso resulta tan significativo que, en una noche en la que Argentina despedía a Messi, una pequeña guerrera africana haya llegado hasta sus manos.
Una guerrera de Benín viajó hasta Buenos Aires para acompañar la despedida de un hombre que hizo historia. Y, sin saberlo, esa pequeña escultura trajo consigo una historia mucho más antigua: la de las mujeres que alguna vez fueron llamadas Amazonas de Dahomey y que hoy, en Benín, vuelven a ocupar un lugar central en la memoria colectiva. Porque algunas estatuas no solamente representan el pasado. También dicen qué pasado queremos recordar y qué mujeres queremos que vuelvan a ser visibles.