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Observatorio De Equidad De Género E Igualdad De Oportunidades
20/10/2026

ENCARNACIÓN EZCURRA: rebeldía, poder y compromiso con la causa federal

A 188 años de su muerte, recuperamos la historia de una mujer que desafió los límites de su época, construyó poder político y encontró en los sectores populares una fuerza decisiva para la
causa federal.

Cada 20 de octubre recordamos a María de la Encarnación Ezcurra y Arguibel, nacida en Buenos Aires en 1795 y fallecida en esa misma ciudad en 1838, a los 43 años. Su nombre ocupa un lugar singular en la historia política argentina del siglo XIX. Sin embargo, durante mucho tiempo, su figura quedó subordinada a la de su marido, Juan Manuel de Rosas, como si su protagonismo pudiera explicarse únicamente por el vínculo matrimonial. Recuperar su trayectoria exige reconocerla como una mujer con iniciativa propia, convicciones políticas firmes y una notable capacidad para intervenir en los conflictos de su tiempo.

Encarnación Ezcurra vivió en una sociedad en la que las mujeres estaban excluidas de los principales espacios institucionales de decisión. No podían votar ni ocupar cargos políticos en las condiciones que hoy asociamos con la ciudadanía. Su participación pública estaba condicionada por las normas sociales que reservaban a los varones el ejercicio formal del poder. Sin embargo, esas restricciones no impidieron que algunas mujeres desarrollaran estrategias de intervención, construyeran redes de relaciones e influyeran en los acontecimientos políticos.

Encarnación fue una de ellas. No se limitó a acompañar desde el ámbito doméstico la trayectoria de Rosas, actuó, tomó posición y espacios de poder. Su historia permite ver cómo las fronteras entre lo público y lo privado podían ser desafiadas y cómo una mujer pudo convertirse en
protagonista de una lucha política en una época que no reconocía plenamente sus derechos.

El federalism como causa política y disputa por el poder

Para comprender la actuación de Encarnación es necesario situarla en el escenario de las profundas disputas que atravesaron a las Provincias Unidas del Río de la Plata durante las primeras décadas posteriores a la Revolución de Mayo. Los enfrentamientos entre unitarios y federales expresaban proyectos diferentes sobre la organización del territorio, la distribución del poder político y los recursos económicos, en particular los vinculados con la Aduana de Buenos Aires y la circulación comercial.

El federalismo defendía la autonomía de las provincias frente a las pretensiones centralizadoras. Sin embargo, no constituía un movimiento homogéneo: existían diferencias entre sus dirigentes, sus bases sociales y sus proyectos de organización política. En Buenos Aires, esas tensiones también atravesaron al propio federalismo y enfrentaron a los partidarios más intransigentes de Rosas con sectores federales disidentes.

Encarnación Ezcurra se comprometió decididamente con el sector rosista, al que consideraba la
expresión política capaz de sostener el orden que defendía y enfrentar a sus adversarios. Su militancia no fue pasiva ni circunstancial. Desarrolló una intensa actividad de comunicación política, mantuvo correspondencia con su marido, identificó alianzas y conflictos y participó en la organización de sus partidarios.

Su actuación adquirió especial relevancia durante la ausencia de Rosas, quien encabezó la campaña al desierto entre 1833 y 1834. Mientras él se encontraba fuera de Buenos Aires, Encarnación asumió un papel central en la defensa de sus intereses políticos y en la movilización de sus seguidores.

En 1833, su participación fue decisiva en la llamada Revolución de los Restauradores, que contribuyó a la caída del gobernador Juan Ramón Balcarce y al fortalecimiento del sector rosista. Su capacidad de organización y su intervención en las disputas internas del federalismo consolidaron su posición como una dirigente política de gran influencia. No era solamente la esposa del hombre que aspiraba a gobernar, era una operadora política capaz de intervenir sobre los acontecimientos y contribuir a modificar su curso.

 

Los sectores populares: una fuerza política indispensable

Uno de los aspectos más significativos de su trayectoria fue su relación con los sectores populares de Buenos Aires. Encarnación comprendió que la construcción del poder político no dependía exclusivamente de los acuerdos entre las familias influyentes, los dirigentes y los grupos propietarios.

También requería la participación de quienes vivían de su trabajo y ocupaban posiciones subordinadas en la estructura social.

Los trabajadores, los artesanos, los habitantes de los barrios populares, las personas afrodescendientes y otros sectores socialmente postergados formaban parte de una sociedad
atravesada por profundas desigualdades. Su participación en la vida política no puede reducirse a una adhesión automática a los dirigentes: respondía también a experiencias, intereses, identificaciones y expectativas propias.

Encarnación supo reconocer esa capacidad de movilización. Construyó vínculos con los sectores
populares y contribuyó a articular sus adhesiones en favor de la causa rosista. Su actividad se
relacionó con redes de sociabilidad, asistencia y lealtad política que conectaban a los dirigentes con la población plebeya de la ciudad.

En ese entramado, la Sociedad Popular Restauradora ocupó un lugar importante. La organización
reunió a partidarios del rosismo y participó en la movilización política de la época. Su brazo de acción más violento, conocido como la Mazorca, también formó parte de ese escenario de intimidación y persecución de adversarios. Reconocer el protagonismo de Encarnación exige considerar tanto su capacidad de organización como las prácticas coercitivas asociadas a la consolidación del poder rosista.

La relación entre federalismo y sectores populares merece, por lo tanto, una mirada que evite las simplificaciones. La adhesión al rosismo no significó la desaparición de las desigualdades sociales ni la existencia de un proyecto igualitario en el sentido contemporáneo. Pero sí puso de manifiesto que los sectores populares podían constituirse en actores relevantes de la disputa política y que su participación era indispensable para sostener determinadas formas de poder.
Encarnación comprendió esa realidad y actuó en consecuencia. En una política dominada por las élites masculinas, supo reconocer que la fuerza de una causa también se construía desde abajo, mediante vínculos cotidianos, lealtades, movilización y participación popular.

Una mujer rebelde frente a los límites de su época

La rebeldía de Encarnación Ezcurra no debe entenderse solamente como un rasgo de carácter. Su importancia histórica radica, sobre todo, en las acciones concretas mediante las cuales desafió las expectativas impuestas a las mujeres de su tiempo.

En una sociedad que esperaba de ellas discreción, obediencia y dedicación prioritaria a la familia, Encarnación intervino en las disputas políticas con decisión y firmeza. Construyó relaciones, sostuvo correspondencia política, organizó partidarios y tomó posiciones en conflictos que definían el rumbo de la provincia de Buenos Aires. Su trayectoria permite reconocer una dimensión fundamental de la historia de las mujeres: la participación política no comenzó con el reconocimiento del sufragio femenino ni se limitó a las organizaciones que posteriormente se identificarían con el movimiento feminista. Mucho antes de conquistar derechos políticos formales, las mujeres desarrollaron distintas estrategias para intervenir en la vida pública, disputar autoridad e incidir en las decisiones colectivas.

Esto no significa atribuirle retrospectivamente una identidad feminista en el sentido actual. Su
actuación estuvo ligada a la defensa de un proyecto político específico, el federalismo rosista, y a una concepción del poder propia de su época. Pero recuperar su historia desde una perspectiva de género permite advertir cómo una mujer pudo ejercer una influencia extraordinaria en un mundo que restringía su autonomía pública.

Encarnación no esperó a que la sociedad le reconociera un lugar político: lo construyó mediante su propia intervención.

La causa federal y la memoria de los humildes

El compromiso de Encarnación con los sectores populares constituye una de las claves para comprender su actuación. Su relación con quienes acompañaban la causa federal no se agotaba en la necesidad de reunir apoyos. También expresaba una lectura política según la cual la movilización de los sectores humildes podía inclinar el resultado de las disputas y sostener un proyecto frente a sus adversarios.

En ese sentido, su trayectoria permite recuperar una historia del federalismo que no se limite a los gobernadores, los caudillos y las decisiones institucionales. También es necesario observar las relaciones sociales que hicieron posible su consolidación, las redes que vincularon a los dirigentes con los barrios y los sectores trabajadores y las formas en que hombres y mujeres de los grupos populares participaron de los conflictos políticos.

La presencia de personas afrodescendientes, trabajadores, artesanos y habitantes de los sectores periféricos en las movilizaciones federales recuerda que la política del siglo XIX no fue un asunto exclusivo de las élites, aunque estas conservaran posiciones privilegiadas. Los sectores populares intervinieron, negociaron, construyeron identidades y encontraron en las disputas entre proyectos políticos oportunidades para expresar sus propias demandas.

Encarnación fue una figura importante en esa articulación. Su capacidad para establecer vínculos y movilizar adhesiones contribuyó a que el rosismo consolidara una base política que excedía los círculos dirigentes tradicionales.

Esa relación debe analizarse sin idealizaciones: las redes de asistencia podían coexistir con relaciones de dependencia, y la movilización popular podía acompañarse de mecanismos de control y violencia.

Precisamente por eso, su figura resulta tan significativa para comprender las complejidades del poder, las lealtades políticas y la participación popular en la Argentina de aquel tiempo.

Una muerte que se convirtió en acontecimiento político

El 20 de octubre de 1838, Encarnación Ezcurra murió a los 43 años. Su fallecimiento provocó una manifestación pública de duelo de extraordinaria magnitud para la época. Su funeral reunió a autoridades, representantes de distintos sectores sociales, integrantes del ámbito militar y una multitud de personas que acompañaron su féretro.

Las ceremonias fúnebres no fueron solamente una despedida personal. También constituyeron una expresión política de la importancia que había alcanzado su figura. La magnitud del cortejo y los honores recibidos mostraron que Encarnación había dejado una huella propia en la vida pública de Buenos Aires.

 

Su muerte temprana interrumpió una trayectoria que había contribuido de manera decisiva a la
consolidación del rosismo. Sin embargo, su nombre permaneció ligado a la causa federal y a la
memoria de una mujer que había ejercido un poder inusual para su tiempo.

La historia posterior la presentó de maneras diferentes: como compañera de Rosas, como dirigente apasionada, como defensora de la Federación o como figura controvertida por su participación en las luchas políticas. Estas representaciones reflejan también las disputas por la memoria histórica y la manera en que cada época interpreta el lugar de las mujeres en el pasado.

Recuperar a Encarnación Ezcurra: una tarea para la memoria histórica

Recordar a Encarnación Ezcurra no implica idealizar su actuación ni desconocer las contradicciones del proyecto político que defendió. Significa reconocer que fue una protagonista de la historia argentina, con capacidad de decisión, iniciativa y compromiso político, y que su trayectoria no puede explicarse únicamente por su relación con Juan Manuel de Rosas.

Su figura invita a formular preguntas que siguen siendo relevantes: ¿quiénes son reconocidos como protagonistas de la historia? ¿Por qué las acciones políticas de las mujeres fueron tantas veces interpretadas como una prolongación de las decisiones de los varones? ¿Qué lugar ocupan los sectores populares en los relatos sobre la construcción de la nación? ¿Cómo se recuperan las
experiencias de quienes intervinieron en la política sin pertenecer a los grupos tradicionalmente
legitimados para ejercerla?

A casi dos siglos de los acontecimientos que marcaron su vida, Encarnación Ezcurra nos permite
reflexionar sobre la relación entre género, poder y participación popular. Su trayectoria demuestra que las mujeres también fueron capaces de organizar, movilizar, disputar y transformar los escenarios políticos, incluso cuando las instituciones y las costumbres limitaban su intervención.

Recordarla es recuperar la historia de una mujer que hizo de la rebeldía una forma de acción política, que defendió con firmeza la causa federal y que reconoció en los sectores populares una fuerza decisiva para sostenerla.

Su legado histórico no reside en haber estado al lado del poder, sino en haber participado activamente en su construcción. En esa capacidad de actuar, comprometerse y desafiar los límites de su tiempo reside una parte fundamental de la vigencia de su figura.

Este 20 de octubre, desde lel Observaotrio en el marco de la Universidad Champagnat, recuperamos su memoria como una oportunidad para ampliar nuestra mirada sobre la historia argentina, reconocer el protagonismo político de las mujeres y volver a pensar el lugar de los sectores populares en la construcción de los proyectos colectivos.

Encarnación Ezcurra: una mujer que no aceptó los límites de su época y que dejó su marca en las luchas políticas de la Argentina.

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